¿De dónde venimos? Los seres humanos nos lo hemos preguntado durante siglos. Richard Leakey, uno de los antropólogos más famosos, dedicó su vida a encontrar la respuesta. En una época en la que casi nadie creía que la cuna de la humanidad estuviera en África, él lo demostró. Cuando sólo unos pocos tenía en consideración nuestra cercanía a los primates, él se propuso investigarlos para ahondar en nuestros orígenes. Y en un tiempo en el que muchos desconfiaban de las mujeres en ciencia, él apostó por ellas. Y ganó la apuesta.
Jane Goodall, una vida entre chimpancés
En los años 50 el destino de una secretaria rubia, veintaiñera y guapa parecía estar cantado. Pero no para Jane Goodall. A los cuatro años le regalaron un chimpancé de peluche y desde entonces tuvo claro lo que quería. Se iría a África a conocer muy de cerca animales como aquel. Y veinte años después gastó todos sus ahorros justo en conseguirlo.

Leakey estaba buscando a una persona para ir a hacer observaciones de chimpancés. Y después de contratar a Jane como secretaria pensó que la había encontrado. Muchos colegas pensaron que enviar a la selva a una mujer y, encima, sin ninguna preparación universitaria, era una locura. Pero para Leakey ambas características eran ventajas. Pensaba que las mujeres eran más observadoras que los hombres, lo que era perfecto para un trabajo de campo. Y también que el no haber pasado por la universidad podía aportar una mirada fresca, sin prejuicios.
Al menos en lo segundo, Leakey acertó. En una época en la que los científicos se limitaban a numerar a los chimpacés, Jean les dió nombres. En una época en la que no se aceptaba que los animales pudieran tener distintas personalidades, Jean no lo dudó ni un momentó.

Las observaciones de Jean demostraron que los seres humanos no éramos los únicos que hacíamos y utilizábamos herramientas, los chimpancés también. Cuando se lo comunicó a Leakey, este contestó con un mítico telegrama: «Ahora debemos redefinir las herramientas, redefinir al hombre aceptar a los chimpancés como humanos».
Dian Fossey, todo por los gorilas
Después del éxito de Jean, Leakey se preparó para enviar a una segunda mujer a la selva. Esta vez sería para estudiar gorilas.
Dian Fossey había leído sobre el trabajo de Jane y estaba decidida a seguir sus pasos. Aunque en este caso Leakey no lo vio tan claro al principio, la perseverancia de Dian acabó ganando. Sin duda Dian aprendió más sobre los gorilas de lo que nadie había hecho, pero su forma de actuar la convirtió en un personaje muy controvertido. Ha sido acusada de racismo y una visión muy colonialista de la conservación. En su lucha contra los cazadores furtivos no dudó en utilizar todo tipo de estrategias, incluso en hacerse pasar por hechicera. Su historia, que quedó reflejada en la película “Gorilas en la Niebla”, acabó de forma trágica. Fossey vivió los últimos años de su vido por y para los gorilas. Y también murió por ellos.

Biruté Galdikas y la lucha por los orangutanes
La tercera “ángel” de Leakey, como se las llegó a llamar a estas tres primatólogas, es Biruté Galdikas. Su imagen se contrapone a la de Jane, que siempre retuvo su imagen dulce y costumbres inglesas. Biruté, por el contrario, se convirtió a su cultura adoptiva: la indonesia.
Leakey la envió a estudiar orangutanes y su nueva elegida no defraudó. Y eso que Biruté fue la que lo tuvo más díficil de los tres. Los orangutanes son los más solitarios de las tres especies y pasarían meses antes de que la investigadora pudiera establecer el primer contacto con uno de ellos. Además, las condiciones en el campo eran terribles. En la temporada lluviosa jamás daba tiempo a que la ropa se secase… y en la no lluviosa tampoco por la enorme humedad. Su trabajo la llevó a pasar horas y horas persiguiendo el rastro de orangutanes entre el barro. Y sin embargo, Biruté nunca se rindió. Y al igual que las otras dos mujeres, ha dedicado su vida a su primate. Y ahora protege a los orangutanes desde su mítico santuario de orangutanes en Indonesia.

Leakey tenía planeado mandar a otra investigadora a estudiar la cuarta especie de primates, los bobobos. Pero antes de que pudiera asegurar los fondos para esta nueva misión, murió. Afortunadamente, corrían nuevos tiempos. Ya no era necesario un Leakey para que investigadoras como Claudine Andre o Vanesa Woods consiguieran fondos para estudiar los primates más olvidados: los matriarcales, promiscuos y pacifistas bonobos. La historia de estas mujeres te la cuento otro día.

Sara Gil Casanova
Más cosillas sobre mi 😉